Emociones ante la maternidad en tiempos de COVID-19

Las mujeres que están esperando a su bebé, que quizá ya tiene nombre, atraviesan una etapa vital inolvidable por la transcendencia que supone traer una criatura al mundo. Viven múltiples cambios en sus propias carnes y también en su relación con el entorno que tiene su reflejo en unas emociones que, a veces, parecen ponerlas en una montaña rusa. En definitiva, los procesos de tránsito a la maternidad son experiencias emocionales, físicas y vitales muy complejas que ponen a prueba el bienestar psicológico de la mujer.

En nuestra sociedad esta normalizado y, supone un gran avance, una atención sanitaria que controle el proceso físico de la gestante y la lleve a buen puerto hasta que tenga a su bebé en sus brazos en las mejores condiciones posibles. El entorno social y familiar, sin embargo, mantiene una visión edulcorada de todo lo demás, la expectativa que se transpira en los gestos y comentarios, envía el mensaje de que eres fuerte y estás súper feliz y súper guapa. No hay espacio para reconocer las dudas, las dificultades, los miedos y ansiedades, con sus altibajos, que acompañan todo el proceso.

Sin embargo, atender y cuidar la parte no física, por así decir, de la gestación como tránsito a la maternidad es esencial. De igual modo que una atención sanitaria reduce las complicaciones y facilita el curso del embarazo y del parto, una buena preparación emocional ayuda a los propios procesos físicos del parto, a llevar un puerperio en condiciones más manejables y a capacitar para gestionar mejor alteraciones emocionales que pueden presentarse durante la crianza.

Por nuestra experiencia profesional sabemos de la complejidad de estos procesos de la maternidad que se encarnan en cada mujer y su circunstancia. También sabemos de su importancia durante la gestación y de su impacto sobre la crianza posterior; de lo vulnerable que sé es en esta etapa. Por ello, insistimos en promover y apoyar bienestar emocional de las gestantes y madres que están criando, quitando obstáculos que lo pongan en riesgo.

Desde hace unas semanas, la vida ha dado un vuelco que aún nos resulta increíble con la pandemia del COVID19. Vivimos tiempos de incertidumbre, quizá es la palabra que más se repite.  El resultado tangible es estar entre las cuatro paredes de casa, adaptarnos a vivir con la pérdida de todo lo que nos era cotidiano y esperar a que termine. En algunos casos sufriendo directa o indirectamente la enfermedad. Las consecuencias que se adivinan, o se están experimentando ya, solo añaden más temores. Vivir esto ya es difícil para todos, quizá aún no se está valorando el impacto emocional y psicológico de todo esto que repercute en la salud también. Pero hay grupos más vulnerables que otros. El de las mujeres embarazadas o que acaban de ser madres es particularmente sensible porque además el efecto es doble, sobre ella y sobre el bebé y por extensión a toda la unidad familiar.

Nuestra contribución como psicólogas es reconocer, con nuestro trabajo, los claroscuros de la maternidad y del camino a la misma, para acogerla y abrazarla en toda su extensión real. Así, desde el conocimiento, podemos prestarles el apoyo que necesitan para su bienestar emocional por diversas vías: atención personalizada, talleres…  Es frecuente que la población asocie psicólogas, con la idea de que solucionan problemas. Sin embargo, contamos con formación y experiencia mucho más amplia que la de solucionar problemas. En nuestro caso, conocer los procesos de maternidad y posteriormente cómo se desarrollan y funcionan las mentes de los niños, y compartir esto con los padres facilita que disfruten más de la comunicación con sus hijos, que puedan mejorar su experiencia de bienestar y prevenir posibles problemas. Por eso, en tiempos como los actuales estamos redoblando nuestros esfuerzos para transmitir esta información.

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PILAR CIFUENTES

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