¿Pongo a mi bebé boca abajo o boca arriba?

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Hace ya bastantes años, en 1992, que la Academia Americana de Pediatría recomendó que los bebés debían acostarse boca arriba para evitar ahogamientos y muerte súbita. Hasta entonces se creía que lo saludable era lo contrario, boca abajo con la cabeza girada hacia un lado. Así pues boca arriba para dormir y es conveniente que cambies cada vez la posición de la cabeza para que no le coja forma aplastada. Si no le gusta poner la cabeza de lado puedes alternar los dos extremos de la cuna, una vez le pones en los pies de la cuna y la otra en la cabecera.

Sin embargo, como los bebés también necesitan ejercitar los músculos de su cuerpo y su coordinación para poder rodar, sentarse, gatear y caminar tienen que pasar tiempo boca abajo siempre controlándolo, nunca dejándolo solo. A algunos nos les gusta y protestan un poco – pero si un niño cuando se le pone boca abajo llora como que le duele abajo, mejor consultar al médico por si tuviera algún problema en el ombligo. Hay que procurar que cuando el bebé está despierto no se pase demasiado tiempo tumbado o en el carrito, el columpio o en sitios que restringen mucho el movimiento libre. Cuando un bebé está boca abajo levanta la cabeza y disfruta de una visión del mundo bastante más interesante que cuando solo puede mirar al techo, por lo que ejercita los músculos del cuello, al principio con una cabecita bamboleante pero pronto con más seguridad y control del movimiento.

Desde el nacimiento puedes poner al bebé boca abajo. Se recomienda unas tres veces al día entre 3 y 5 minutos que luego se puede ir alargando y en superficies firmes. Cuando el bebé tiene dos meses puedes ponerlo apoyado sobre su estómago y apoyar tu mano en su culete para ayudarle un poquito a que libere la parte superior del cuerpo, la otra mano debes ponerla entre su boca y la superficie donde lo tienes porque levanta la cabecita un momento con esfuerzo y suele bajarla bruscamente. También puedes poner el bebé sobre tu pecho, o el del padre: te sientas en el sofá un poco recostada y lo pones de forma que pueda mirarte a los ojos cuando levanta la cabecita, así cuando se cansa se puede apoyar en blandito. Este es un tiempo precioso de calidad para el desarrollo del bebé sobre todo si le hablas/susurras y/o le sonríes. Otra idea es poner una toallita enrollada debajo del pecho y los brazos para facilitarle que levanta la cabeza.

Cuando el bebé tiene entre tres y cinco meses, ya tiene más fortalecido el cuello, se apoya sobre los codos y más adelante solo sobre las manos con los brazos extendidos. Entonces los ratitos que esté boca abajo puedes animarle poniéndole un espejo para que se vea o algún objeto/juguete atractivo para que se estire y así se relacione con el mundo a la altura de sus ojos. Esto está preparándole para sentarse y gatear. Hacia los seis meses los niños comienzan a arrastrarse con la barriguita pegada al suelo ¡hacia atrás! Esta es la primera fase del gateo, aunque no lo parezca, y a veces se frustran porque en realidad quieren ir a por algo y en vez de acercarse se alejan. Poco después y con perseverancia, se arrastran hacia delante con los codos y los brazos, aun la barriguita en el suelo, y finalmente después de curiosas practicas levantándose en arco con puntas de pies y manos en el suelo, adoptan la postura típica de gateo, hacia los 7 u 8 meses. En esta etapa, a los bebés les encanta cuando nos tumbamos doblamos las piernas y los ponemos encima para moverlos o los cogemos por las caderas para jugar a ‘volar’. Sienten su cuerpo vibrar y todas estas sensaciones favorecen su estabilidad y equilibrio.

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Dra. Mª Ángeles Cerezo

Catedrática de Psicología
Especialista en Psicología Clínica
Directora Científica de IPINFA- Instituto psicológico de la Infancia y la Familia.

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