Quiero que mi bebé…

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¿Lo que queremos para nuestros hijos e hijas es que se conviertan en personas independientes, autónomas, que sepan relacionarse y ser felices? Si la respuesta es afirmativa entonces hablamos de personas que saben gestionar sus emociones tanto negativas como positivas. Es un camino largo y empieza muy pronto

¿Y cómo se llega ahí?

Cuando los arrullamos porque están intranquilos, o los consolamos cuando están tristes, o les damos palabras y salidas que ayudan a que se sientan menos agobiados: distintas maneras según la edad y las circunstancias. Pero también, cuando buscamos y hacemos lo que les conviene que no siempre coincide con lo que ellos creen que necesitan y quieren. Esto es crucial. Aquí se ponen a prueba, sin saberlo, nuestras propias inseguridades.

¿Sientes que hay cosas que no le convienen a tu hijo pero que es muy difícil negárselas porque te resulta insoportable oírlo llorar o verlo irritado, enfadado, triste, frustrado? Si eso es así, entonces cuando le das, o permites, eso que no le conviene, estás respondiendo a tu necesidad y no a la suya. Como padres sabemos que parte de nuestra tarea es aguantar nuestras propias ansiedades cuando nuestros hijos se disgustan porque hay que ponerles límites y no pueden hacer todo lo que se les ocurre o quieren o, simplemente, tienen que esperar.Tenemos que negarles cosas que ellos creen que necesitan, pero nosotros sabemos que no les convienen y es por su bien, que nosotros tenemos que pasar el trago del mal rato. Es natural y adecuado que los niños y niñas experimenten emociones negativas. Nuestra tarea no es evitárselas a toda costa, sino ayudarles a que aprendan a manejarlas adecuadamente y transiten por ellas.

Distinguiendo las emociones:

Las emociones en un recién nacido son como una gran sopa llena de tropezones, todo mezclado; el proceso es ir distinguiendo progresivamente, el sentirse mal o dolorido, del estar confundido, o triste, aburrido, rabioso, frustrado, hambriento, incómodo, cansado, saturado… ¿Cómo se va consiguiendo? primero teniendo la experiencia de sentirse así y después teniendo la experiencia de salir de ahí con ‘soluciones’ diferentes para cada situación.  Si está saturado, encuentra comprensión no le estimulan más y lo dejan descansar, si está triste se le distrae o se le conforta según sea lo más adecuado por la situación, si está frustrado y rabioso, se le deja ventilar su malestar y después se le distrae y ya más calmado ,si merece la pena, se puede ver cómo hacer alguna referencia a que las cosas se pueden tomar de otra manera.

No existe ‘la solución’:

Si tú fueras el bebé que ya te vas haciendo mayor y a todos tus ‘problemas’ tu madre responde con la misma ‘solución’: te pone al pecho, o te da un biberón, o te pone un chupete. Aunque por el momento te calme, y tu madre se sienta aliviada rápidamente, a la larga se convierte en un obstáculo para tu desarrollo. Te será difícil distinguir las emociones y, por tanto, desarrollar tus modos de gestionarlas de forma diferenciada, como corresponde según vamos madurando. Estarás confuso y probablemente irritable, te costará relacionarte con otros niños y adultos cuando no respondan inmediatamente a lo que quieres. Y cuando te disgustes estarás perdido porque no tienes práctica en reconocer lo que te pasa y en conformarte y consolarte por ti mismo.

Los niños felices no son los que nunca se disgustan

Los padres no estamos para que nuestros hijos estén siempre contentos, sino para ayudarles a valerse en la vida y el tejido de la vida está hecho de todo. Por eso, es fundamental, tener la experiencia de las emociones negativas y experimentar cómo procesarlas y manejarlas sin que nos paralicen, nos desbaraten o nos arrastren a calmarlas huyendo de la realidad con alcohol o drogas. Cuando los niños en la seguridad de quienes les quieren experimentan estas emociones negativas y cómo volver a sentirse bien, con su ayuda y dirección, van a la vida preparados para afrontar sus dificultades y salir fortalecidos de ellas.

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Dra. Mª Ángeles Cerezo

Catedrática de Psicología
Especialista en Psicología Clínica
Directora Científica de IPINFA- Instituto psicológico de la Infancia y la Familia.

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